Conceptualizando la respuesta de estrés : ¿Cual es su función?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el estrés como «el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara el organismo para la acción». En términos globales se trata de un sistema de alerta biológico necesario para la supervivencia: es la respuesta fisiológica, psicológica y comportamental de una persona que intenta adaptarse, ajustándose a presiones internas y externas.
Cualquier circunstancia diferente que se presente en nuestras vidas -presión externa– o en relación a nuestras expectativas -presión interna -, incluso positiva, puede generar estrés.
Utilidad y beneficios del estrés moderado y puntual
Un cierto grado de estrés nos estimula y permite que alcancemos nuestros objetivos, es decir, proporciona el impulso necesario para responder a demandas diarias, mejorando los niveles de salud y rendimiento. Es lo formalmente se denomina euestrés. Esta es la fase positiva de la respuesta de estrés, que siempre y cuando tenga lugar de forma moderada y puntual, puede ayudarnos a experimentar vitalidad, entusiasmo, vigor físico, lucidez mental, alta productividad y creatividad, incluso resistencia a la enfermedad.
Pero esto no ocurre de forma indefinida. Aunque cada uno de nosotros posee un umbral distinto, traspasado este punto, el estrés deja de ser un recurso útil y se convierte en un obstáculo en nuestro rendimiento y deteriora nuestra salud.
Curva del estrés: relación entre el nivel de estrés y rendimiento

Nuestra posición en la curva es dinámica y varía en función de diversos factores, que incluyen la hora del día, la naturaleza de los estresores y la eficacia de nuestros mecanismos de afrontamiento.
El cúmulo de estresores encontrados durante el día nos hace desplazarnos por la curva del estrés. Si no somos conscientes y no reconocemos los signos del aumento de estrés, podemos estancarnos gradualmente en la parte negativa de la curva, experimentando el deterioro que genera el exceso de cortisol -hormona del estrés- en nuestro organismo.
De esta forma, un objetivo realista no consiste en eliminar el estrés sino en aprender los recursos y competencias psicológicas necesarias para permanecer mayoritariamente en la fase positiva del estrés. Esto incluye aprender a respetar nuestros tiempos de reposo y reparación, tanto mentales como físicos, para que nuestro organismo se recupere y restablezca su línea de funcionamiento basal tras un suceso estresante.
Efecto tóxico del estrés continuado
Cuando la respuesta natural de estrés, que en principio es beneficiosa, se vuelve excesiva, es decir, alcanza una elevada intensidad, frecuencia o se mantiene en el tiempo, produce una sobrecarga en los diferentes sistemas del cuerpo humano, impidiendo su correcto funcionamiento.
Esta es la fase negativa del estrés, también denominada diestrés, que comienza a ser dañina para el organismo, provocando gran sufrimiento y desgaste personal.
¿Cómo identificar el tóxico del estrés cronificado?
- A nivel emocional podemos experimentar: cambios de humor, irritabilidad, distanciamiento afectivo, sentimiento de insatisfacción generalizado
- Los síntomas cognitivos más frecuentes a tener en cuenta son la dificultad para concentrase, pérdida de memoria, expectativas pesimistas y preocupación excesiva, entre otros.
- Cambios en la conducta relacionados con baja motivación y productividad, alteraciones del patrón de ingesta y sueño, hábitos nerviosos (como morderse las uñas o agitación motora), aumentar el consumo de drogas…
Es de vital importancia reconocer y actuar frente a estos síntomas. Conviene evitar normalizarlos, ya que el estrés prolongado contribuye al desarrollo de enfermedades cardíacas, problemas gastrointestinales, dermatológicos, respiratorios, inmunológicos, disfunción sexuales y trastornos endocrinos y metabólicos, entre los que destacan la obesidad y la diabetes.
Reflexión crítica
El estrés forma parte de nuestras vidas, a veces tanto en nuestra sociedad hiperestimulante e hiperproductiva, que ya no distinguimos qué es exactamente lo que nos estresa, o estamos en un estado permanente de estrés y ni siquiera somos conscientes de ello. Es más, lo vemos como un estado normal, incluso lo romantizamos como una muestra de nuestra valía productiva. Sin embargo, la acumulación de cortisol está envenenando nuestro organismo desde el interior, manifestándose en una serie de alteraciones psicológicas que evidencian la importancia de establecer cambios para que nuestro cuerpo pueda regenerarse y restaurar su funcionamiento saludable, recuperando tu bienestar.